Cómo Hacer Frente a la Crisis

Por: Carlos A. Dumois.

En situaciones de crisis, como la que enfrentamos actualmente a nivel global por la pandemia del Covid-19, los empresarios debemos postergar de manera temporal otras prioridades, para dedicarnos en pleno a rescatar nuestro negocio. La solución suele estar en la mente del dueño.

Todos tenemos la impresión de que una crisis como esta no la hemos vivido nunca. Y es cierto, en gran medida por sus características atípicas y porque todavía nos acompaña un gran sentimiento de incertidumbre. Sin embargo, ya son muchas las ocasiones en que como consultores hemos acompañado a empresarios en escenarios similares de suspensión de pagos y de quiebra, hemos impartido seminarios sobre el tema en más de 30 ciudades de varios países e incluso tuve la vivencia de tronar un negocio en el que había puesto mi alma.

Toda esa experiencia, más la lectura de diversos libros sobre la conducción de empresas en condiciones difíciles, nos ha llevado consistentemente a la misma conclusión: la dirección exitosa de una organización en momentos críticos depende principalmente de la postura mental de su líder.

Si el empresario acepta con realismo la gravedad del estado de su compañía, rápidamente desarrollará respuestas adecuadas y oportunas para salir de la crisis. Mientras más tiempo se trate de ocultar o rechazar la situación crítica, más tarde será para reaccionar y resolverla adecuadamente.

La capacidad de respuesta no depende de lo que pase o pueda pasar, sino de lo que hagamos al respecto. El problema es un asunto de timing y de liderazgo. Es el líder quien habrá de encontrar el camino y guiar a su empresa a puerto seguro. Él debe ser capaz de generar serenamente los caminos de salida e impregnar a su organización del necesario sentido de urgencia. No puede perder tiempo, sobre todo si su empresa está ahora en las que en medio de la pandemia se les considera como perdedoras y han caído en enfermedades financieras severas; y deberá preguntarse si está listo para rescatar su negocio.

Cuando la cuestión es de vida o muerte, sin duda es el máximo líder quien debe tomar las riendas. El problema es hasta cuándo el máximo líder considerará que el asunto ya es de vida o muerte. Muchos factores impiden al líder aceptar su realidad y asumir su rol: temor, desinformación, soberbia, tolerancia, aburguesamiento, sobre confianza, falta de realismo, etcétera. Es típico que el peso de la imagen pública inhiba la capacidad de negociación con los acreedores: no se negocia para no verse mal, cuando el negociar es un legítimo recurso de la empresa en dificultades.

La toma de conciencia es la parte crucial del camino que el líder tiene que andar para llegar a protagonizar la respuesta que su organización necesita dar a las circunstancias hostiles. Es un proceso que recorre mentalmente las fases de negación, resistencia, exploración y compromiso.

En la fase de negación no queremos aceptar nuestra realidad: “Son cosas que les suceden a los demás, ¡no a mí!”. Y menos queremos aceptarlas cuando puede o no ser fruto de nuestra gestión. Hay una semejanza con la no aceptación de la incapacidad de un hijo nuestro, y tanto más si ocurrió en un accidente causado por uno; mientras no aceptemos su incapacidad estaremos frenando el proceso de su recuperación, y con peligro de que muera. Por eso esta etapa es tan importante y la superación de la negación es decisiva; sin ella es imposible avanzar a las etapas siguientes. En el mundo empresarial es el líder quien, al superar la negación, dispara el proceso de superación en cada colaborador. Habrá que saber escuchar y darle prioridad a determinar la gravedad del problema, la vigencia de la estrategia anterior, y la necesidad de tomar medidas drásticas. Además, mientras más éxito hayamos tenido, con todos sus laureles y laxitudes, más difícil será aceptar que estamos fracasando. Tenemos que darnos tiempo para superar esta etapa, pero no demasiado.

La fase de resistencia representa un enorme avance en el proceso de respuesta. Significa que ya aceptamos la crisis, que el proceso está avanzando y que estamos caminando hacia el encuentro de los mejores caminos. Al mostrar rechazo por la situación y sus consecuencias, el empresario ya empieza a admitir que tiene que hacer cambios, aunque todavía no muestre una disposición abierta para cambiar. Las empresas que reaccionan más rápido salen más pronto de la crisis.

Durante la fase de exploración se descubren alternativas de solución. Cuando el empresario maduro ha reconocido la profundidad de su problemática, empieza a desarrollar caminos alternativos para salir adelante. Es entonces cuando brota el optimismo del verdadero empresario, su voluntad se vuelve creativa y se sobrepone a cualquier adversidad.

Finalmente, en la etapa de compromiso el dirigente ha desarrollado una visión tan clara de lo que hay que hacer, que pone todo su talento en un plan de viraje decidido y firme, atrevido y contundente: una estrategia que integre un paquete de medidas relevantes y coherentes que resuelvan de raíz los problemas de fondo que están dañando su negocio.

Lo que hemos visto es que el proceso se atora en la etapa de la negación. Hace falta que el empresario entierre sus sueños, viva el duelo por lo perdido y tome el toro por los cuernos. La permanencia de la empresa es prioridad absoluta. Si la institución que dirigimos necesita de un cambio radical para garantizar esa permanencia, hemos de estar seguros de detectarlo a tiempo, sin que nos ciegue el éxito, ni el exceso de confianza, ni el orgullo, ni el miedo. Cuando la situación lo amerite, démosle la cara a la crisis; saldremos ganando.

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Carlos A. Dumois es Presidente y Consultor de CEDEM